Mientras la industria aérea mexicana experimenta una reconfiguración tras la pandemia y el auge de las aerolíneas de bajo costo (low-cost), un actor clave opera a menudo fuera del foco mediático, pero con un control férreo sobre las condiciones laborales de miles de empleados: el Sindicato de Trabajadores de la Industria Aeronáutica (STIA).
Vinculado históricamente a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), el STIA ha sido señalado por organizaciones laborales y disidentes como un emblema de los “sindicatos blancos” o de protección patronal, una figura que afecta directamente a los pilotos de las dos aerolíneas más grandes del país por volumen de pasajeros: Volaris y Viva Aerobus.
Orígenes: El modelo corporativista
El STIA nace bajo el amparo de las grandes centrales obreras del priismo hegemónico (CTM). A diferencia de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) —conocida por su vida democrática interna y la defensa agresiva de los contratos en Aeroméxico—, el STIA surgió con una filosofía alineada al “charrismo sindical”.
Su modelo de operación se basa en firmar Contratos Colectivos de Trabajo (CCT) con las empresas antes de que estas siquiera contraten a su primer empleado o inicien operaciones. Esto garantiza a la aerolínea “paz laboral” (ausencia de huelgas) y costos operativos bajos, impidiendo que otros sindicatos independientes, como ASPA, entren a representar a los trabajadores.
Acusaciones de corrupción y falta de representatividad
A lo largo de los años, líderes y delegados del STIA han enfrentado duras acusaciones. Las críticas no suelen centrarse en escándalos mediáticos de un solo líder, sino en el modus operandi sistémico de la organización:
- Contratos de Protección: Expertos en derecho laboral acusan al STIA de negociar las condiciones de trabajo directamente con los dueños de las aerolíneas a espaldas de los pilotos y sobrecargos.
- Cuotas sin transparencia: Trabajadores han denunciado históricamente el cobro de cuotas sindicales sin rendición de cuentas clara sobre su destino.
- Represión interna: Existen testimonios de pilotos que, al intentar organizar una planilla independiente o cuestionar al sindicato, han sido despedidos por las aerolíneas con la presunta complicidad del sindicato, que no intercede por ellos.
“El STIA funciona como un departamento más de Recursos Humanos de la empresa, no como un defensor de los trabajadores. Su función es mantener los salarios controlados y evitar que los pilotos miren hacia sindicatos democráticos”, señalan fuentes cercanas al gremio aéreo.
El impacto en Volaris y Viva Aerobus
La situación es crítica para los pilotos de Volaris y Viva Aerobus. A pesar de que estas empresas han crecido exponencialmente y reportan utilidades millonarias, sus tripulaciones operan bajo condiciones muy distintas a las de sus pares en Aeroméxico (representados por ASPA).
El control del STIA afecta a los pilotos de las siguientes formas:
- Brecha Salarial y Prestaciones: Aunque los salarios base pueden parecer competitivos, las prestaciones, jornadas de descanso y esquemas de fatiga suelen ser inferiores a los estándares internacionales que defienden sindicatos independientes.
- Jornadas Extenuantes: Se ha acusado al sindicato de avalar roles de vuelo que llevan a los pilotos al límite de las horas legales permitidas, sin la protección adecuada contra la fatiga, lo cual es un riesgo para la seguridad aérea.
- Dificultad para la Libertad Sindical: Con la Reforma Laboral de 2019 en México, se abrió la puerta para que los trabajadores elijan libremente a su sindicato. Sin embargo, el STIA mantiene la titularidad de los contratos en las low-cost. Recientemente, movimientos de pilotos en Volaris (durante las protestas de 2023) evidenciaron el descontento, operando bajo protesta por condiciones laborales dignas, ante un sindicato que parecía inmóvil.
El futuro: ¿Un cambio de rumbo?
La legitimación de contratos colectivos exigida por la nueva Ley Federal del Trabajo y el T-MEC ha puesto al STIA bajo la lupa. Si bien han logrado legitimar sus contratos en votaciones recientes, grupos disidentes alegan que el miedo a las represalias sigue condicionando el voto, aunque es posible que en los proximos años exista un movimiento que pueda finalmente organizarse para pedir que ASPA reclame la titularidad de su Contrato Colectivo de Trabajo.
La industria aérea mexicana se encuentra en una encrucijada: continuar con el modelo de protección que favorece la expansión agresiva de las aerolíneas o transitar hacia una verdadera democracia sindical que, inevitablemente, exigirá mejores condiciones para quienes tienen la enorme responsabilidad de mantener las aeronaves en el cielo.

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